¿Otra vez?¿Pasar por todo aquello otra vez?
Mis manos se soltaron.
Mi pulso se fue tranquilizando.
Mi cuerpo volvió a mí, como un cachorro que
regresa al lado de su amo después de haberse escapado
a correr por la plaza.
Bebí tres traguitos de café, miré el reloj.
–Perdoname, pero ya llego tarde –mentí. Tranquilamente.
–¿Puedo llamarte mañana?
–No, mañana no.–Pasado...
–No, ni mañana, ni pasado ni nunca. Yo también tengo un compromiso, ¿sabés?, pero no se trata de
algo sin importancia. Es una persona muy valiosa y no quiero perderla jamás. Se te endureció la mandíbula.
Ese gesto de bronca que conocía de memoria.
–Bueno... –te pusiste de pie para despedirme–Que todo salga bien.
–Gracias. Todo va a salir bien. Me lo merezco.
Y salí sonriendo.
Salí apurada, casi corriendo.
Mi compromiso era en verdad con una persona muy valiosa, que no quiero perder jamás: Conmigo .

